30 de agosto de 2009

¿Por qué en el Salón ya no hay dos guías?

Por estos días algunos papás se preguntan por qué el colegio ha bajado la presencia de co-guías en el Ciclo Salón. Si bien el colegio ya lleva un año aplicando esta medida, que fue informada oportunamente junto a su justificación a través de diversos medios (comunicación, anuario, charla), al parece aún hay apoderados desinformados o que no comprendieron en su momento su alcance. Creemos que el tema de la comunicación interna es un tema a analizar, pero lo que aquí importa es reflexionar si ¿estamos los padres involucrados con el método de enseñanza que escogimos para nuestros hijos?, ¿entendemos a cabalidad los objetivos de la metodología?, ¿estamos utilizando las heramientas que se nos entregan (bibliografía, observaciones en el salón, charlas, talleres, etc.) para potenciar nuestro actuar? Muchas de nuestras angustias no existirían si estuviéramos más atentos, pusieramos más de nuestra parte y asumiéramos que no sólo los niños son Montessori, sino que también tienen que serlo los padres.

Uno de los principios fundamentales de nuestra metodología es el principio de autonomía de los niños, por ello la guía debe acompañar al niño en su proceso de enseñanza aprendizaje, presentando contenidos, motivando y estimulando al niño. Además, debe dar espacio para que los niños socialicen transmitiendo sus conocimientos entre ellos. Los protagonistas del salón son los niños y no los adultos. Al tener un grupo de 25 niños con dos adultos de forma permanente (guía y co-guía) se estaba observando que ello generaba una dinámica de dependencia de los niños hacia los adultos en el proceso que no facilitaba la autonomía dentro del salón. La novedad es que la co-guía, hoy, está con una permanencia de media jornada, y cumple una función de apoyo para la guía y los niños. Esta experiencia ha dado muy buenos resultados en otros colegios Montessori que poseen talleres con más de 30 niños, como lo constató Paola Bianchi en sus viajes al extranjero. Pero como cualquier aplicación de un cambio metodológico en el Epullay, esto requiere de un período de observación y análisis del cual la dirección académica manifiesta hacerse cargo, pero una cuestión que está clara: que no es solo un desafío para las guías y los niños, también lo es para los padres, quienes debemos aprender a ser “padres guías” y educar para libertad, aprender a motivar a nuestros niños para que descubran el mundo y no llevarles el mundo, respetar sus elecciones y sus tiempos, aceptar que sean protagonistas de su proceso de aprendizaje y no actores secundarios.

Como Comité de Formación del Centro de Padres y Apoderados del Epullay, queremos decirles a cada uno de los papás que hoy están preocupados, ansiosos o perdidos en estos temas, que, más allá del aporte que el colegio esté haciendo, estamos atentos para acogerlos, escucharlos y ayudarlos en la aventura de ser papás Montessori.

Alejandra Martínez
Integrante del comité de Formación

CEPACE 2009-2010

22 de agosto de 2009

Cena de Pan y Vino







La comunidad Epullay se puso con el Centro Abierto Nadino. Emocionante jornada de entrega y compartir, todos ganamos!








20 de agosto de 2009

Capacidad de Interrogarse

(Extracto de un discurso que pronunció Pepe Mujica, Candidato a presidente por el Frente Amplio en Uruguay)

Había un dicho: "No le des pescado a un niño, enséñale a pescar".

Hoy deberíamos decir: "No le des un dato al niño, enséñale a pensar".

Tal como vamos, los depósitos de conocimiento no van a estar más dentro de nuestras cabezas, sino ahí afuera, disponibles para buscarlos por Internet. Ahí va a estar toda la información, todos los datos, todo lo que ya se sabe. En otras palabras, van a estar todas las respuestas. Lo que no van a estar es todas las preguntas. En la capacidad de interrogarse va a estar la cosa. En la capacidad de formular preguntas fecundas, que disparen nuevos esfuerzos de investigación y aprendizaje.

Y eso está allá abajo, marcado casi en el hueso de nuestra cabeza, tan hondo que casi no tenemos conciencia. Simplemente aprendemos a mirar el mundo con un signo de interrogación, y esa se vuelve la manera natural de mirar el mundo.Se adquiere temprano y nos acompaña toda la vida. Y sobre todo, queridos amigos, se contagia.

16 de agosto de 2009

Visión, Misión y Valores

"Acompañar a nuestros niños en el proceso de desarrollarse al máximo de su potencial como seres humanos valiosos, transformadores de la sociedad que los acoge."

Así reza la declaración del CEPACE, al asumir la directiva del período 2008-2009. No pretendía ser una frase original, sino recoger de un modo resumido el sentir de la comunidad del Epullay.



No hay ningún comentario que corrija esa declaración, cosa que puede deberse a que representa satisfactoriamente los deseos de los padres, o a que no ha sido siquiera leida por ninguno de ellos.

Asumo la primera, para seguir a partir de ahi. Quiero explicar lo que significa para mí esta visión, con el ánimo de abrir un diálogo que nos enriquezca a todos, y nos ilumine el camino a seguir para alcanzar esta visión.

El verbo inicial es "acompañar", no es guiar, ni dirigir, sino acompañar. Caminar juntos el tramo de la senda de la vida que nos toque compartir; no como dos cuerpos que comparten un tiempo y un espacio, sino como dos personas con toda su complejidad sicológica, emocional, corporal, espiritual. Uno en la plenitud y quizás más allá, y el otro en pleno ascenso hacia su madurez. Uno con la experiencia de la vida, con las luces y sombras que el proceso le ha dejado, con vivencias de las que ha aprendido y tiene entonces algo para mostrar y, tal vez, para enseñar. El otro, con la ilusión y el asombro propios de quien aún ve muchas cosas por primera vez. Realizaciones y frustraciones el primero; ingenuidad, inexperiencia, entusiasmo, energía en el segundo. Explosiva mezcla, hay ingredientes en ella para provocar estallidos, a veces bastante fuertes. Y la experiencia de familia, para la reconciliación y para retomar la marcha.
Está claro, lo sabemos por experiencia, que nuestro potencial y el de cualquier persona, excede bastante a su expresión real. Siempre sentimos que pudimos dar más, en todo orden de cosas. En la infancia y la adolescencia es donde es más pronunciada esa brecha entre potencial y desempeño. Obvio, poco conocimiento y menos práctica. Sin embargo, muchas de nuestras interacciones como adultos con los niños, son determinadas y manejadas por la frustración que nos causa constatar esa brecha y la sensación de fracaso que nos invade cada vez que eso sucede.
Acompañar implica paciencia. Ir un paso a la vez, sembrar y esperar el tiempo de la cosecha. Evaluar contra el momento en que se está y no contra el destino deseado. Acompañar es un acto de amor, una decisión positiva, una elección proactiva; no una carga ni un destino ominoso. Acompañar es un fin en sí mismo, en el que cada paso es fuente de una posible expresión del amor. Es también una tarea comunitaria, a la que se invita a otros. Se acompaña la familia, sin duda, equipo pequeño de cada uno de nosotros; pero puede acompañar también la comunidad de familias que comparten esta visión. ¿Por qué habrían de hacer eso en un mundo marcado por el individualismo? Precisamente porque entendemos que los excesos del individualismo son tal vez la peor lacra de nuestra sociedad, el enemigo a vencer si se quiere construir un mundo nuevo. Incluso desde la perspectiva egoista, la comunidad escolar es el contexto en el que se educan mi hijos, una condición extremadamente importante en esta ecuación. Pero hay más: parte esencial de esta comunidad son los profesores y todo el personal del colegio. Considerarlos empleados y hacerles exigencias basados en los salarios nos ponen en lados diferentes de una frontera imaginaria y cruel. Ellos son nuestros socios, ponemos a nuestros niños en sus manos día a día, y nos retiramos a nuestros deberes. Ellos también son contexto, por lo tanto, trascendentales en esta tarea. ¿Cómo nos vamos a acompañar, padres, profesores y administrativos en esta caminata hacia la madurez de nuestros hijos? ¿Cómo elegimos que sea?



Por último, este acompañar es recíproco, multidireccional. Los niños nos enseñan a mantenernos más o menos conectados con este tan velozmente cambiante mundo. Los profesores nos enseñan a caminar junto a los niños, nosotros les enseñamos a entender a nuestros necesidades; por mencionar sólo una posibilidad en cada dirección. Pero hay mucho más, ciertamente, que podemos descubrir caminando juntos.
Desde luego, tendremos que descubrir en nosotros las potencialidades que queremos que los niños desarrollen: la capacidad de mirarse con audaces grados de verdad y capacidad autocrítica, y la necesaria asertividad para mostrar con cariño y preocupación las oscuridades y vicios de su propio mundo, llegado el caso. Y la fuerza y la habilidad para agregar valor, para marcar diferencias, para hacer de su mundo uno mejor.

Mucho se ha dicho para alimentar escuelas para padres, para enseñarles qué hacer en cada etapa de la vida de nuestros hijos. Todo eso está bien, y le falta algo esencial y es que el liderazgo se manifiesta siendo el cambio que propone. Asi que la pregunta por el quehacer puede ser reemplazada por una pregunta por el ser. ¿Cómo podremos estimular a nuestros hijos a soñar un mundo mejor si nosotros hemos renunciado a nuestros propios sueños? Necesitamos ser soñadores. ¿Cómo los estimularemos a mirar críticamente la realidad que los circunda sin dejar de amarla, si nosotros mismos hemos declarado vencedor al estaus quo, impotentes para modificarlo? Necesitamos ser amorosos y verdaderos. ¿Cómo los animarenos a cambiar su mundo por uno mejor, si nuestro discurso y nuestra acción han perdido las ilusiones, si nos hemos acomodado a lo que hay? Necesitamos ser valientes.



Si creamos un entorno amoroso, asertivo, soñador, valiente y poderoso, entonces nuestros hijos probablemente crecerán y se desarrollarán de esa manera. La única manera de crear ese entorno es siéndolo nosotros. He ahí el desafío. Un desafío que cieramente excede largamente las posibilidades individuales. Nadie puede hacerlo solo. Por eso nos declaramos comunidad educativa. Un lugar donde todos aprendemos unos de otros a ser el mundo que soñamos para nuestros hijos.
¿Qué opinan?

12 de agosto de 2009

Bullying

El bullying es un acto sádico para hacer daño y que se mantiene o repite en el tiempo. Los agresores suelen ser niños que viven un entorno de violencia en la casa y con un comportamiento cobarde, ya que seleccionan a sus víctimas cuando cuentan con la seguridad de que no podrán defenderse. Al verse descubiertos y ante una sanción suelen romper en llantos y culpar a terceros de sus actos.
El bullying no se refiere solo a agresiones físicas, de hecho la mayor parte de lo que se considera bullying no incluyen agresión física directa; nos referimos a “bloqueo social”, “amenazas”, “exclusión social”, “intimidación verbal”, etc. La no detección y/o el no enfrentar estos casos puede tener consecuencias gravísimas en las víctimas, llegando en algunos casos al suicidio. Es por eso que debemos estar muy atentos y mostrarnos unidos ante eventuales casos.